La Santa Iglesia Cat贸lica, fundada por Nuestro Se帽or Jesucristo sobre la roca firme del bienaventurado Ap贸stol Pedro y edificada mediante la sucesi贸n apost贸lica bajo la autoridad del Romano Pont铆fice, tiene la misi贸n sagrada de anunciar el Evangelio, custodiar 铆ntegro el dep贸sito de la fe y conducir al Pueblo de Dios por el camino de la salvaci贸n.
El ministerio episcopal, instituido desde los tiempos apost贸licos y transmitido por la imposici贸n de las manos y la gracia del Esp铆ritu Santo, constituye la plenitud del sacramento del Orden. Por 茅l, el Obispo es configurado con Cristo Pastor y hecho sucesor leg铆timo de los Ap贸stoles, maestro aut茅ntico de la doctrina, santificador del pueblo fiel y principio visible de unidad en la Iglesia particular que le es confiada.
Quien es elevado a la dignidad episcopal recibe no solamente un honor eclesi谩stico, sino una grav铆sima responsabilidad espiritual, pastoral y doctrinal. Est谩 llamado a ejercer su ministerio con humildad, prudencia y fidelidad, siendo ejemplo para el clero y para los fieles, custodio de la sana doctrina y servidor de la comuni贸n eclesial.
Por ello, el elegido para el episcopado promete solemnemente:
— fidelidad 铆ntegra a la Santa Iglesia Cat贸lica y al Evangelio de Cristo;
— obediencia y reverencia filial al Romano Pont铆fice;
— comuni贸n efectiva y afectiva con el Colegio Episcopal;
— defensa y observancia de la disciplina eclesi谩stica;
— amor paternal y solicitud pastoral hacia sacerdotes, di谩conos, religiosos y fieles laicos;
— y diligencia en la celebraci贸n digna de la sagrada liturgia.
El C贸digo de Derecho Can贸nico establece en el canon 375 §1:
“Los Obispos, por instituci贸n divina, son sucesores de los Ap贸stoles mediante el Esp铆ritu Santo que les ha sido dado; son constituidos Pastores en la Iglesia, para que sean maestros de la doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros del gobierno.”
Asimismo, el canon 273 recuerda:
“Los cl茅rigos tienen especial obligaci贸n de mostrar reverencia y obediencia al Sumo Pont铆fice y a su Ordinario propio.”
Y el canon 392 §1 ense帽a:
“El Obispo debe promover la disciplina com煤n de toda la Iglesia y urgir la observancia de todas las leyes eclesi谩sticas.”
Conscientes, pues, de la gravedad y dignidad de este ministerio apost贸lico, y habiendo considerado las virtudes humanas, espirituales y pastorales del Reverendo Padre Manuel Alejandro Gu茅dez M茅ndez, sacerdote de la di贸cesis de M茅rida y actual Ceremoniero Pontificio, procedemos, por autoridad apost贸lica, a elevarlo a la plenitud del Orden Episcopal y confiarle la misi贸n de servir a la Iglesia en comuni贸n con esta Sede Apost贸lica.
El episcopado, instituido por voluntad divina y transmitido ininterrumpidamente desde los Santos Ap贸stoles, constituye la plenitud del sacramento del Orden y el m谩s alto grado del ministerio sagrado dentro de la Iglesia.
Por medio de la consagraci贸n episcopal, el elegido recibe, mediante la efusi贸n del Esp铆ritu Santo y la imposici贸n de las manos, la misi贸n de santificar, ense帽ar y regir al Pueblo de Dios en nombre de Cristo, Cabeza y Pastor eterno.
El Obispo, unido al Romano Pont铆fice y en comuni贸n con el Colegio Episcopal, se convierte en signo visible de unidad, custodio de la recta doctrina y defensor de la disciplina eclesi谩stica. Su ministerio no nace de dignidad humana alguna, sino de la gracia divina y de la sucesi贸n apost贸lica recibida leg铆timamente.
La Iglesia ense帽a que el Obispo debe distinguirse por:
— integridad de vida y rectitud moral;
— fidelidad absoluta al Evangelio y a la Tradici贸n Apost贸lica;
— prudencia en el gobierno pastoral;
— caridad paternal hacia el clero y los fieles;
— celo por la sagrada liturgia y los sacramentos;
— y esp铆ritu de servicio humilde conforme al ejemplo de Cristo.
Como ense帽a el canon 375 §2 del C贸digo de Derecho Can贸nico:
“Por la consagraci贸n episcopal se confiere, juntamente con la funci贸n de santificar, tambi茅n las funciones de ense帽ar y regir.”
Y el Concilio Vaticano II recuerda solemnemente:
“Los Obispos, puestos por el Esp铆ritu Santo, suceden a los Ap贸stoles como pastores de las almas.” (Lumen Gentium, 20)
Por tanto, quien es llamado al episcopado queda obligado delante de Dios y de la Iglesia a ejercer este ministerio con fidelidad, obediencia y esp铆ritu de sacrificio, buscando en todo la gloria divina y la salvaci贸n de las almas.
III.CONSIDERANDO
Que corresponde al Romano Pont铆fice, sucesor del bienaventurado Ap贸stol Pedro y Pastor Supremo de la Iglesia universal, proveer con solicitud apost贸lica al bien espiritual del Pueblo de Dios y al recto gobierno de la Iglesia;
Que el ministerio episcopal exige hombres probados en la fe, distinguidos por la integridad de vida, la fidelidad doctrinal, la prudencia pastoral y el amor sincero a la Santa Iglesia;
Que el Reverendo Padre Manuel Alejandro Gu茅dez M茅ndez, sacerdote de la di贸cesis de M茅rida y actual Ceremoniero Pontificio, ha demostrado en el ejercicio de su ministerio particular celo lit煤rgico, esp铆ritu de obediencia, comuni贸n eclesial y dedicaci贸n constante al servicio del altar y de la Iglesia;
Que su testimonio sacerdotal, su reverencia hacia las sagradas celebraciones y su fidelidad al Romano Pont铆fice lo hacen digno de mayor responsabilidad dentro de la misi贸n apost贸lica de la Iglesia;
Que la Santa Sede considera conveniente fortalecer el servicio pastoral y diplom谩tico mediante ministros preparados espiritual y doctrinalmente para promover la unidad, la paz y la comuni贸n entre las Iglesias particulares;
Y habiendo invocado la asistencia del Esp铆ritu Santo, escuchado el parecer de quienes corresponde y considerado el bien de la Iglesia universal;
Por la plenitud de Nuestra Autoridad Apost贸lica, procedemos libremente a conferirle la dignidad episcopal y encomendarle el oficio de Nuncio Apost贸lico.
IV.DECRETAMOS
Por la autoridad apost贸lica que Nos ha sido confiada como Sucesor del bienaventurado Ap贸stol Pedro y Pastor Supremo de la Iglesia universal, decretamos y establecemos lo siguiente:
Art铆culo I
Que el Reverendo Padre Manuel Alejandro Gu茅dez M茅ndez, sacerdote de la di贸cesis de M茅rida y actual Ceremoniero Pontificio, sea leg铆timamente elevado a la dignidad del Orden Episcopal, recibiendo la plenitud del sacramento del Orden conforme a las normas de la Santa Iglesia Cat贸lica y a las disposiciones del Derecho Can贸nico.
Art铆culo II
Que el mencionado prelado quede incorporado al Colegio Episcopal en plena comuni贸n con esta Sede Apost贸lica, participando del ministerio apost贸lico de santificar, ense帽ar y regir al Pueblo de Dios.
Art铆culo III
Que, por el presente decreto, sea asimismo nombrado y constituido Nuncio Apost贸lico, confi谩ndosele la misi贸n de representar leg铆timamente a esta Sede Apost贸lica y promover la unidad, la paz y la comuni贸n entre las Iglesias particulares y las naciones.
Art铆culo IV
Que el nuevo Obispo y Nuncio Apost贸lico preste, antes de asumir oficialmente su ministerio, la profesi贸n de fe y el juramento de fidelidad prescritos por la Iglesia.
Art铆culo V
Que todos los fieles, cl茅rigos y miembros de la comunidad eclesial reconozcan y respeten la autoridad leg铆timamente conferida mediante este decreto, prest谩ndole obediencia, colaboraci贸n y comuni贸n eclesial conforme a las normas de la Iglesia.
Art铆culo VI
Que este decreto entre en vigor desde el momento de su publicaci贸n oficial y permanezca v谩lido y firme, no obstante cualquier disposici贸n contraria.
V. SOBRE LOS FIELES
Exhortamos paternalmente a todos los fieles de la Iglesia, cl茅rigos, religiosos, religiosas y laicos, a recibir con esp铆ritu de fe y comuni贸n este nombramiento episcopal y misi贸n apost贸lica, reconociendo en el ministerio del Obispo un signo visible de la presencia de Cristo Pastor en medio de su Pueblo.
Recordando las ense帽anzas de la Santa Madre Iglesia, invitamos a todos a conservar siempre la unidad eclesial, la obediencia leg铆tima y la caridad fraterna, evitando toda divisi贸n, esc谩ndalo o actitud contraria a la comuni贸n del Cuerpo M铆stico de Cristo.
El canon 212 §1 del C贸digo de Derecho Can贸nico establece:
“Los fieles, conscientes de su propia responsabilidad, est谩n obligados a seguir con obediencia cristiana aquello que los sagrados Pastores, como representantes de Cristo, declaran como maestros de la fe o establecen como gobernantes de la Iglesia.”
Asimismo, exhortamos al Pueblo de Dios a sostener con sus oraciones al nuevo Obispo y Nuncio Apost贸lico, para que, fortalecido por la gracia divina y guiado por el Esp铆ritu Santo, pueda desempe帽ar fielmente el ministerio que le ha sido confiado.
Que todos los fieles colaboren activamente en la misi贸n evangelizadora de la Iglesia, promoviendo la paz, la unidad y la fidelidad al Evangelio, para que Cristo sea glorificado en todas las cosas y la Iglesia permanezca firme en la verdad y en la caridad.
VI. EXHORTACI脫N
Con coraz贸n paternal y esp铆ritu apost贸lico, exhortamos al querido hijo Manuel Alejandro Gu茅dez M茅ndez, llamado ahora a la plenitud del sacerdocio de Cristo, a ejercer el ministerio episcopal con humildad, prudencia y fidelidad inquebrantable a la Santa Iglesia.
Que recuerde siempre que el episcopado no constituye un honor mundano, sino un servicio sagrado; no una dignidad para s铆 mismo, sino una entrega total a Cristo y a su Pueblo. Sea, pues, ejemplo para los fieles en la palabra, en la caridad, en la pureza de vida y en la obediencia eclesial.
Exhortamos igualmente al nuevo Nuncio Apost贸lico a desempe帽ar con sabidur铆a y esp铆ritu de comuni贸n la misi贸n que le ha sido confiada, promoviendo la concordia entre las Iglesias, fortaleciendo los v铆nculos con esta Sede Apost贸lica y trabajando siempre por la unidad del Pueblo de Dios.
Que en toda circunstancia permanezca firme en la defensa de la verdad, reverente hacia la sagrada liturgia, diligente en el cuidado pastoral y cercano a los sacerdotes, di谩conos, religiosos y fieles laicos.
A todos los fieles les pedimos elevar constantes oraciones por el nuevo Obispo, para que el Esp铆ritu Santo lo fortalezca en las dificultades, lo ilumine en el gobierno pastoral y haga fecundo su ministerio apost贸lico.
Que la Sant铆sima Virgen Mar铆a, Reina de los Ap贸stoles y Madre de la Iglesia; los santos Pedro y Pablo; y todos los santos del cielo intercedan por 茅l, para que, perseverando fielmente hasta el final, pueda conducir muchas almas hacia Cristo, Sumo y Eterno Pastor.


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